25 abr 2026

El Cazador


Aguantó un cachito más, se quedó agazapado. Esperando el momento de atacar. Pero para ello, faltaba un lapso considerable de tiempo. Tiene los ojos clavados en el objetivo, no los saca de él. Espera, espera. Espera, nuevamente. Se renueva la espera, mientras imperceptibles movimientos alimentan sus ansias. Está observando todo, con lujo de detalle. Atento, midiendo, con los ojos clavados. En el fondo de su mente se perfilan los diferentes escenarios para el terrible momento de la acción. En el primer escenario, el movimiento es para arriba, como un disparador, un salto cuántico de su presa el cual todo el cuerpo aparecerá a disposición para el disparo objetivo en el medio de su cuerpo, abatiendolo en pocos segundos.Era victoria asegurada.

El segundo escenario era un poco más difícil para él, pero el resultado era el mismo. El movimiento era leve, imperceptible, para lo cual había que calibrar la mira hacia ese lado y requería movimientos certeros y precisos, no admitían el más mínimo error. La presa apenas realizaba un movimiento hacia el costado inesperado y tendría que ajustar la mira. Sabía que tenía un solo tiro, no más. 

En el tercer escenario, el más complejo, la presa salía por un costado inesperado, y el, rápidamente, tendría que ajustar la mira, hacia ese lado impreciso e indeterminado, y la improvisación del momento y el arte de estar atento al momento hará que el disparo salga hacia algún lado que no se prevee. 

Aguanta, aguanta. La presa, hace un movimiento, imperceptible. La traba de la escopeta está baja, y el dedo empieza a pulsar por el gatillo. dispara. el tiro falla y sale para atrás, dañada y la bala le entra en el ojo. La presa, ni enterada del asunto, cabalga por el bosque.



Cuento de Fernando Cinalli

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